Para
estudiar el aporte afro en el universo cultural peruano, es necesario poder delimitar
lo “negro”, como el componente que le da valor e identidad a la cultura
afroperuana frente a otras culturas populares.
Lo afroperuano forma parte del acervo cultural del país y por lo tanto
es una pieza importante de la construcción de la nacionalidad, en una época
como esta, donde la separación entre lo popular y la cultura de elite no tiene
legitimidad en un marco democrático y multicultural, que considera a todas las
expresiones culturales valiosas por igual.
¿Qué es lo “negro” para
la cultura popular negra? Esta pregunta, figura como título de unos de
los textos pertenecientes a la parte Raza
y etnicidad, del libro Sin Garantias
de Stuart Hall. Hall se hace esta pregunta con la intención de determinar la
presencia de ciertos elementos que identifican a lo “negro”, en el diverso
universo cultural de los afrodescendientes, dentro del contexto de las culturas
populares.
La
pregunta ¿qué es lo “negro” en la cultura
popular negra? cuya respuesta depende según el el momento histórico, el
cual determina conceptos y categorías como negritud o arte popular, es necesario
responderla, para el estudio de cultura afro en el escenario de hibridaciones
culturales como es el Perú actual. Negritud
y arte popular, categorías pertenecientes al cuerpo de conceptos estudiados en
el marco de los estudios culturales, campo de investigación en que este texto
se inscribe.
Se
podría responder definiendo lo afro, como las experiencias que comparten como
comunidad, los descendientes de africanos que se desenvuelven en el marco de
las culturas populares. Estas
experiencias, son los elementos que dan valor a las manifestaciones afro, por
ejemplo: recetas de cocina o algunos ritmos musicales.
Para
un acercamiento a la cultura afro actual en Perú, hay que considerar su reconocimiento
en las últimas décadas por parte del discurso oficial. Este reconocimiento se empezó a dar dentro
del actual marco multicultural, propio de la posmodernidad, y puede ser
considerado un epifenómeno de la consolidación de la africanidad por parte de
los descendientes de africanos fuera de África.
En
las últimas décadas surgió de parte de los descendientes de los africanos de
todos los rincones de las Américas, la conciencia y el deseo de consolidar una
identidad que los agrupe por lo tanto es comprensible el deseo de un acercamiento
al África como una forma de consolidar su identidad buscando raíces comunes, distinguiéndose
de otros grupos humanos en el contexto americano, en las tres Américas y el
Caribe.
Esta
formación de la identidad afro, empezó gracias a la iniciativa del poeta
antillano Aimé Cesaire, quien en sus días de estudiante en Francia en la década
de los treinta, entablo amistad con el también estudiante y poeta Léopold Sedar
Senghor, nacido en Senegal. En los años
siguientes, ambos jóvenes compartieron tanto el interés sobre sus raíces
africanas, como sus reflexiones sobre la filosofía moderna. De estos intercambios de ideas surgió en pocos
años el movimiento artístico y político conocido como: Negritud.
El
movimiento Negritud se enfrento a la perspectiva
moderna académica excluyente, con el propósito de denunciar la mirada
eurocentrista y por lo tanto el racismo del blanco. Criticaron los proyectos sociales y políticos
de la modernidad basados en los ideales de igualdad y libertad que no
consideraban a los pueblos no europeos. Trataron
de expandir globalmente los principios de la modernidad que guiaron a los
movimientos de independencia y las revoluciones en las antiguas colonias
americanas, así como la revolución francesa y otras luchas basadas en los
mismos objetivos. Negritud buscó abrir la modernidad más allá de las fronteras de la
cultura europea contemplando la diversidad étnica del mundo. Intentaron ampliar el principio de la igualdad
y libertad para aplicarlos a de todos los pueblos del planeta sin diferencias. Partiendo del objetivo de difundir los valores
de la modernidad a la población afro descendiente, el movimiento busco la
difusión de dichos valores a todos los pueblos y razas, con el objetivo de
fomentar actitudes contra las discriminaciones o diferencias perniciosas.
Senghor
diría después como presidente de Senegal: Negritud
…consiste en autoafirmarnos profundamente en los valores de los pueblos negros
pero al mismo tiempo abrirnos a otras civilizaciones (citado en Santa Cruz:
Negritud, Mestizaje y Modernidad en el Perú).
El
movimiento Negritud influyó con sus
ideas humanistas en las corrientes de pensamiento anticoloniales o
antiimperialistas de América, África y Europa. Los procesos de independencia política de los
países africanos, así como los movimientos por los derechos civiles en Estados
Unidos, fueron promovidos por líderes motivados por los diversos discursos del
movimiento Negritud en los tres
continentes.
Con
este movimiento, empezó la actitud por parte de los descendientes de africanos
fuera de África, no solo de consolidar una identidad de rasgos africanos y por
lo tanto de una búsqueda cultural con ciertas afinidades al continente negro,
sino también sirvió para abrir la puerta a la creación de los estudios
africanos en las universidades occidentales.
Una aproximación con las representaciones y representantes de esta identidad,
es indispensable para cualquier estudioso, que desde una posición externa desee
acercarse a la cultura afro en los países de América.
Para
poder comprender el desenvolvimiento actual de la cultura popular afro, hay que
considerar tres factores históricos sociales, que se han dado en las últimas
décadas, y que han configurado el escenario mundial desde la posguerra. El primero es, el final de Europa como el
único centro propietario de la alta cultura; el segundo, el surgimiento de
Estados Unidos como potencia mundial y también como un gigantesco productor
cultural; y el tercero factor, la última etapa de la descolonización del
llamado tercer mundo (Hall, 2010)
Aparte
de considerar estos tres factores, hay que tomar en cuenta las influencias de
la cultura negra en la cultura popular de los países americanos. Influencias que hasta hace poco tiempo fueron
ignoradas por los discursos oficiales acerca de la cultura. Hoy en día no se puede estudiar a la cultura
popular, así como los discursos generados desde el Estado o la academia sobre
el tema, sin considerar el aporte negro en la mayoría de los países de América,
en un arco que va desde el Perú y el Brasil, hasta el sur de Estados Unidos y
incluyendo a las islas del Caribe.
Todos
estos hechos, son parte de los cambios que han venido produciéndose al interior
de la cultura occidental en las últimas décadas, a causa de la globalización y
posmodernidad, y que han afectado la vida cultural en Latinoamérica. Considerar la posmodernidad y la globalización
es indispensable para la compresión de las culturas populares y su relación con
lo “negro” en las Américas, y por lo tanto en el Perú.
La
globalización puede ser
descrita como una difusión de patrones culturales a nivel global, consecuencia
de un proceso de intercambio de productos e información sin precedentes, entre
regiones geográficas alejadas. Es un
proceso de ya tiene cinco siglos, pues comenzó con el descubrimiento de
América. La globalización, o para ser
más precisos, la expansión de la cultura Europea, en la segunda mitad del s. XX,
ha generado una cultura que por sus características puede ser considerada de
alcance global. En los últimos 20 años del siglo XX, la globalización alcanzó un nivel sin precedentes y empezó a ser tema de debate. En este contexto global, ciertos cambios sociales fueron considerados como los síntomas del final de la modernidad como período histórico, dando paso a la postmodernidad.
Después de la Segunda Guerra Mundial, surge Estados Unidos
como potencia a nivel mundial, surgimiento vinculado a una enorme
expansión de las empresas norteamericanas, que las impulsó a la búsqueda de
mercados en todo el mundo. Esta
expansión sustentada en el comercio, empezó a difundir, a partir de la década
de 1950, valores culturales propios de una sociedad orientada hacia el
consumo. Así, las empresas
transnacionales, al motivar el consumo masivo, difundieron estándares
culturales iguales en las ciudades más importantes del mundo, lo cual formó una
cultura popular de origen estadounidense, que convive junto a las culturas
populares autóctonas tradicionales.
Dicha cultura, conocida como cultura global, adquiere cierta forma
definida a partir de la década de 1960, con rasgos comunes a escala mundial.
La
cultura popular de los Estados Unidos es hoy la mayor aproximación posible a una
lingua franca mundial, que une sobre todo a las clases urbanas y refinadas de
la mayoría
de los países, en una sola zona cultural federada (Gitlin, citado en Pop
Cultura Imágenes y Temas, 1993:52).
Esta
cultura, producto de la globalización, es la responsable por ejemplo, de que en
lugares como Sudamérica o el Japón, a pesar de la fuerza de sus antiguas
tradiciones, sus urbes cada vez más muestran signos semejantes. Es un ejemplo de la homogeneización que
convierte, al menos en algunos aspectos, a la población mundial en una gran
masa, donde sus principales expresiones son de origen estadounidense, como:
Coca Cola, Mc Donalds, CNN, IBM, Kentucky Fried Chicken, etc.
La
expansión de la cultura popular estadounidense a nivel global, después de los
años de la posguerra, ha derivado en la cultura global urbana, una especie de
clase media que comparte ciertos comportamientos y hábitos de consumo, así como
algunas expresiones artísticas, la música rock, por ejemplo. Expresiones y hábitos globales, que han
generado sus versiones locales al hibridarse con manifestaciones artísticas
regionales, ejemplos de estas fusiones son: el rock latinoamericano, o la Bossa
nova, este género que contiene rastros tanto del Jazz como de la Samba, ambas
músicas vinculas a la cultura negra.
El
Rock, es quizás el mejor ejemplo de cómo ciertas expresiones propias de cultura
negra norteamericana influyeron en la forma actual de la cultura popular de Estados
Unidos, y como esas mismas expresiones que se alejaron de la pureza de sus orígenes,
han traspasado fronteras para formar parte de la cultura global y de las
manifestaciones locales de esta cultura.
La
música Rock actual desciende del Rock and Roll, género musical que tuvo un gran
impacto social, junto a una gran respuesta juvenil en la década del cincuenta, en
un país donde la juventud por primera vez a nivel mundial, empezó a consolidarse
como un sector social con identidad propia. El Rock and Roll contenía en sus influencias
una fuerte herencia de la música popular afroamericana.
El Rock and Roll, nace del encuentro de dos culturas que hasta ese
momento estuvieron separadas: las culturas populares negra y blanca. Sus raíces están en los géneros negros, como el
Gospel, el Jazz y el Blues, que ya tenían en sus estructuras musicales ciertas
dosis de la música de los blancos. Estas
expresiones con el tiempo fueron admitidas por la sociedad blanca hasta ser consideraras
como parte del acervo cultural del país.
Así nació el Rock and Roll, de de la mezcla de géneros afro con el Country
o el Bluegrass, descendientes de las canciones populares irlandesas y de las baladas británicas. Sin embargo, el Rock and Roll y después el Rock,
mantienen ciertos elementos que los vinculan a los ritmos negros.
El
otro hecho histórico pertinente para estudiar el multiculturalismo y la
hibridación cultural actual es la posmodernidad. El término postmodernismo surge en la década de
los 1930 en España con Federico de Onís, como categoría estética para describir
un reflujo conservador dentro de la poesía modernista. La idea de un mundo postmoderno, que sucedería
a Occidente, es usada por Charles Olson en los años cincuenta en Estados
Unidos. Más tarde, Ihad Hassan emplea el
término en 1971 para nombrar a las nuevas tendencias que habían radicalizado o
rechazado los rasgos de la modernidad, en una configuración que abarca tanto el
arte como la tecnología.
Pocos
años después, Charles Jencks, partiendo de un análisis de la relación de la
arquitectura con el público, elabora las definiciones principales de la
arquitectura postmoderna (Jencks, 1984), definiciones que le sirven para
describir a la última etapa de la sociedad occidental, donde las polaridades
sociales clásicas, como la burguesía y el proletariado, perdían sentido; este
hecho, junto con una superabundancia de bienes y servicios, daba forma a una
sociedad global, donde la información es considerada el bien de mayor valor económico
(Anderson, 2000)
En
los países industrializados, las características sociales de la sociedad
postmoderna de Jencks empiezan a aparecer en la década de 1950, sobre todo por
el incremento del consumismo, lo cual ha acelerado ciertos cambios como el empequeñecimiento
familiar y el fortalecimiento del individualismo en las relaciones
humanas. La vida cotidiana tanto en
Norteamérica como en Europa empieza a moverse alrededor del culto al consumo,
al tiempo libre y al placer (Lipovetsky, 1986).
Esta nueva sociedad, al parecer ha terminado con el continuo progreso típico
de la modernidad, caracterizado por la expansión de la cultura occidental
europea en los últimos quinientos años; así mismo, proclama un estancamiento
histórico donde la democracia liberal junto al capitalismo, es el único modelo
económico social que funciona, después del fracaso de las monarquías
absolutistas, de las dictaduras y del socialismo, tal como lo afirma Francis
Fukuyama (2000).
En las democracias liberales actuales, las
actividades comerciales se hallan condicionadas por un capitalismo de alcance
global. La economía postmoderna se
distingue más por grandes empresas que realizan operaciones financieras multinacionales
dentro de un mercado mundial, que por la producción industrial para atender
mercados regionales (Kurth, 1993). Ésta
es, precisamente, la coyuntura económica que ha condicionado la producción
cultural y artística en las tres últimas décadas del siglo XX, contribuyendo al
fortalecimiento de la cultura global.
En
este contexto, donde coexisten diversas tradiciones, las humanidades y las
artes al interior de las instituciones académicas, se han alejado de la
tradición racionalista propia de Occidente, y han aceptado a la imaginación
como paradigma.
...hoy se conoce como
“postmodernismo” y cuyo tema básico fue expresado en París, durante la revolución estudiantil de los años 60, en un
letrero pintado en los muros de la
Sorbona: ¡dad todo el poder a la imaginación! Este irracionalismo académico es hoy la actitud intelectual
dominante en nuestras instituciones de enseñanza
superior, no sólo en arte, sino también en el estudio de las humanidades (Kristol, 1993:49).
Como
consecuencia, al no existir normas estéticas definidas, todo tiene cabida en el
arte actual, tanto lo erudito como lo popular, lo pasado como lo presente: todo
es válido en el arte postmoderno (Lama,
1996).
En
el mencionado contexto se empezó a utilizar el concepto de contracultura o
anticultura como una alternativa crítica a lo oficial, rompiendo con la
separación tradicional entre lo “culto” e intelectual y lo popular.
...anticultura les ha
permitido a los postmodernistas abolir la diferencia entre lo que se solía llamar arte “intelectual” –
eso que se llamaba “la cultura”, sin dar lugar a equívocos – y la cultura
“popular” (Kristol, 1993:49).
Estas
nuevas ideas han marcado un cambio de paradigma al romper la frontera entre lo
culto y lo popular en Occidente, sobre todo en Estado Unidos por ser un país
multicultural prácticamente sin historia.
En este nuevo escenario las culturas populares están cada vez mas
vinculadas a la llamada cultura de masas, altamente marcada por los mass media, así como una gigantesca
industria de productos culturales. La
frontera que divide lo “culto”, lo popular y la cultura de masas, cada vez es
más difusa.
El
cambio de paradigma ha permitido la aparición de nuevos oficios como los
estudios culturales, que son más un campo interdisciplinario que una disciplina
especifica, respondiendo a las necesidades de esta nueva época. También hicieron su aparición en el campo de
la cultura nuevas instituciones o se transformaron las anteriores, como las
nuevas clases de museos, por ejemplo: el Museo de la Cultura Afroperuana,
otrora impensable.
Este
nuevo paradigma, ha marcado el inicio del reconocimiento de las culturas populares
como parte de las naciones; situación vinculada a la difícil definición entre
lo popular y lo que no lo es. En el Perú
se empezó el reconocimiento de las culturas populares, ante negadas por las
elites, como partes esenciales de la peruanidad.
Entre
las manifestaciones de las culturas populares peruanas que coexisten en un
escenario de hibridez, hallamos a la cultura andina como la más representativa
del país por su origen autóctono, junto a la afroperuana, entre otras. Actualmente como lo explica Hall, las
confrontaciones binarias, como por ejemplo: la oposición entre lo “culto” y lo
popular, no poseen sustento, pues lo popular ha pasado a ser parte de la elite,
como también, elementos de ciertas culturas populares han pasado a ser parte de
otras culturas también consideradas populares.
Un ejemplo de este intercambio cultural a nivel de la música y la danza,
es La Marinera, considerara como baile nacional, sin embargo, en sus orígenes
se pueden rastrear elementos afros vinculados a los esclavos.
En
el desarrollo de la cultura afroperuana en los últimos cien años han surgidos
personajes cuya contribución ha sido de suma importancia en el proceso de
vindicación de la cultura negra en le país, uno de estos personajes es Nicomedes
Santa Cruz.
Las
ideas del movimiento Negritud
influyeron en Santa Cruz. Desde sus
inicios como poeta popular, fue un pensador crítico sobre la condición de
exclusión de los afroperuanos e indígenas.
Dedicado a la poesía, empezó a construir un puente entre la oralidad
negra y la literatura escrita peruana. Luego, a partir de la lectura de Nicolás
Guillén, representante cubano de los principios del movimiento Negritud, Santa Cruz conocerá un
universo latinoamericano donde la poesía encarna la rebelión abierta contra las
estructuras opresivas y racistas del sistema.
…el impacto que me produce
Nicolás Guillén es tremendo porque encuentro que una poesía popular concilia el arte de la creación literaria en
la más alta poesía, con un mensaje
altamente político, con una denuncia antiimperialista, con una denuncia antiesclavista y se concilia todo (citado en
Santa Cruz: Negritud, Mestizaje y Modernidad
en el Perú).
Uno
de los argumentos más recurrentes para negar la existencia de un racismo
sistemático en el Perú, ha sido el gran mestizaje que lo caracteriza. Sin embargo, los que niegan el racismo pasan
por alto que la mayoría de las fusiones socio-culturales se han dado en
contextos con una enorme desigualdad étnica.
A lo largo de la historia, muchas veces desde los individuos “no
blancos”, el mestizaje a nivel de lo biológico, ha sido buscado como un medio
“para mejorar la raza”,
una metáfora de ascenso social, y desde los individuos “blancos”, como una
manera de ejercer sexualmente privilegios de colonizador, amo o terrateniente. A pesar de las relaciones de dominio que se
escondes detrás del mestizaje, Santa Cruz sintió que este podría ser el principio
conciliador democrático entre los diferentes grupos culturales peruanos. En ese sentido se anticipo al escenario de
multiculturalidad surgido en el marco de la posmodernidad.
Santa
Cruz denunció la injusticia social e investigó y atacó el problema como ensayista
y promotor cultural. Su discurso se
afirmó en el horizonte político de la modernidad, para exigir el abandono de
las categorías raciales coloniales y el respeto de los derechos de los pueblos
indígenas y afroperuanos. Para Santa
Cruz las culturas populares en el Perú son de naturaleza mestiza, reconociendo el
valor que los intercambios culturales han tenido en el desarrollo del país.
Se
puede ser negro y peruano en el marco de las culturas populares que forman la
nacionalidad. En este nuevo escenario,
donde la dicotomía entre la cultura de elite y la popular ya ha perdido
sentido, surgen nuevos actores para contribuir con el desarrollo del país en
cuanto a políticas culturales, como el caso de la elección de Susana Baca para
ocupar el cargo de ministra de cultura, elección que hace unas décadas era impensable
por ser mujer y por ser negra, como era impensable que el Perú tuviera un
ministerio de cultura, cuyo propósito principal es dar valor a todo el acervo
multicultural del país.
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