Hay temas que aparentemente no guardan ninguna relación como los automóviles y las carreteras con el arte y las tribus salvajes. Sin embargo, cuando uno encuentra las relaciones latentes, empieza una gran aventura. Este texto es una descripción de una de esas aventuras.
La palabra Transamerica, en sus diversos usos, desde el titulo de una película, hasta en forma abreviada (Trans Am) como el nombre de un modelo de automóvil, generalmente se refiere a la acción de atravesar el continente americano, de manera más especifica Norteamérica, mejor dicho Estados Unidos, aludiendo al viaje hacia el Oeste. Esta travesía simbólicamente representa la expansión de Estados Unidos, la gran conquista del lejano y salvaje Oeste, para unir por tierra al civilizado Este, con California, adonde solo se llegaba de manera segura por barco en los tiempos de la fiebre del oro.
El popular y potente Trans Am de fines de los 60s Poder y libertad sobre ruedas Un símbolo de la gran capacidad industrial de Estados Unidos
La expansión de los Estados Unidos hacia el Oeste, representó para la mentalidad de la época, extender los limites de la civilización. La civilización occidental, que llevaría el progreso y la modernidad a tierras habitadas por las salvajes tribus indias.
Tenemos al arte como testimonio de esa mentalidad, que consideraba a los pueblos nativos, ajenos al progreso, hasta el punto de pensar que el único indio bueno es el indio muerto. La tristemente celebre frase del general Philip O. Sheridan.
Este cuadro pintado alrededor de 1872, por John Gast, llamado El Progreso Estadounidense, es una representación alegórica de la doctrina del Destino Manifiesto. Esa idea de que Estados Unidos debía llevar la civilización por todo el continente mediante expansión territorial, desde el Atlántico al Pacífico.
En la escena, una mujer angelical (a veces identificada como Columbia, una personificación del s. XIX de Estados Unidos) lleva la civilización hacia el Oeste junto a los colonizadores, tendiendo líneas del telégrafo y vías del ferrocarril, mientras huyen los indios y los animales salvajes.
Han pasado más de 100 años y en las Américas, hay quienes consideran todavía en este s. XXI, a los verdaderos americanos como representantes del atraso, tal como nos quiere decir el artista peruano Alfredo Márquez con Katatay.
Madre Migrante
Dorothea Lange
En la década de los 50s Estados Unidos se convierte en el país del automóvil, prácticamente todo ciudadano se movilizaba sobre ruedas. En la misma década el país entra en la carrera espacial la cual junto a la cultura del automóvil, van a configurar la imagen de progreso y poderío industrial y tecnológico de Estados Unidos.
A lo largo de la Ruta 66 van aparecer cafeterías, restaurantes de comida rápida con servicio en el vehículo (drive through), moteles, tiendas de combustibles y lubricantes, etc... Esta carretera va ayudar a difundir el llamado estilo de vida americano (american way of life) de origen citadino e industrial, en las zonas rurales del país, con las hamburguesas y la comida rápida, el supermercado, también al automóvil como la extensión de uno mismo. Difusión que con el tiempo transcenderá los limites propios del país para llegar a todo el mundo, pues para muchos, la globalización en las últimas décadas no es más que la imposición de la cultura popular de Estados Unidos a nivel global.
Ya que con la globalización Occidente ha llegado a todas partes, no hay que olvidar que Estados Unidos es una nación fundada por europeos y aunque el tronco cultural de Occidente esté arraigado en el viejo continente, la cultura en la que vivimos nosotros en el presente es, esencialmente, norteamericana. Es la llamada cultura global, que convierte, al menos en algunos aspectos, a la población mundial en una gran masa, donde sus principales expresiones son de origen estadounidense, como: Coca Cola, Mc Donalds, CNN, IBM, Kentucky Fried Chicken, etc.
En la década del 60 en plena época del Hippismo, la Ruta 66 se convierte en el camino para alcanzar la utopía, que muchos jóvenes Hippies buscanron dirigiéndose a California, sobre todo a San Francisco, ciudad que se caracterizo por su espíritu de libertad y tolerancia.
Precisamente fue Jack Keruak con la novela En El Camino, quien motivó, con el mítico viaje a través del país, a la juventud hippie, y convirtió a la Ruta 66 en una verdadera leyenda.
Los Supersonicos
Con la declaración de Hawaii como Estado Oficial de Estados Unidos, en 1959, surge el interés por las expresiones hawaianas y en general de la Polinesia. Interés, en versión del s. XX, por lo exótico de los míticos mares del sur y sus islas con playas llenas de palmeras. Así la arquitectura googie se va nutrir de motivos hawaianos y de esta manera a lo largo de Estados Unidos, van a aparecer edificaciones con alguna referencia al ambiente hawaiano y a sus las playas tropicales: el llamado estilo Tiki.
Relecturas modernas y contemporáneas de lo tropical.
Motel demolido en 1998


Cuando va cayendo el sol
Obra del pintor urbano amazónico Christian Bendayán
Conclusiones:
Es relevante la importancia de las relaciones entre la modernidad y la búsqueda de un futuro mejor, causante de tantos movimientos migratorios a lo largo de la historia. La búsqueda de la utopía. Migraciones que en Estados Unidos en el siglo pasado, estuvo marcada por la mitificación de la Ruta 66 y también por la posesión el automóvil propio, posesión que resaltó la sensación de libertad predicada por el sistema.
Hay que considerar a la importancia del automóvil para la consolidación de Estados Unidos, como una potencia industrial democrática. Aquí en América del Sur, por razones obvias, no surgió el culto al automóvil como en Norteamérica. En una región donde el proyecto de industrialización fue fallido, el transporte público (trenes, buses, minibuses, camiones) fue, es y seguirá siendo, el único transporte para los miles de trabajadores latinoamericanos.
Latinoamérica, a pesar de una fallida industrialización, consecuencia de un proceso modernizador truncado, quizás por estar en la periferia de Occidente, no se libró de utilizar el ideal de modernidad para oprimir a los pueblos nativos y hasta de señalarlos como encarnaciones del atraso. Sin embargo, dichos pueblos están enriqueciendo las diversas modernidades alternativas que se están forjando actualmente.
La modernidad en el plano cultural del s. XX no hubiera sido posible sin el aporte de los trópicos, de la misma manera, la Europa industrial no se hubiera formado sin el aporte de las colonias.


































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