martes 25 de marzo de 2008

MICROMUSEO Y OTRAS MUSEOTOPIAS PARALELAS

Afortunadamente parece que Lima va ha tener por fin este año 2008, después de 40 años aproximadamente, un museo de arte contemporáneo (MAC). Así que la ciudad estará a la altura de las principales capitales de América del Sur. Ni que pensar en el estupendo y famosisimo Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, como para sentir envidia.

¿Que le pasa al Perú y sobre todo a Lima, la ciudad capital que para las provincias es el símbolo de la modernidad? Lo que le pasa es que a pesar de esta carga simbólica, le cuesta llegar a ser una ciudad totalmente moderna, donde hablar de arte contemporáneo es casi como tratar de temas místicos o esotéricos, incluso en las galerías limeñas de arte, las cuales se suponen albergan los consensos más actuales. Pero esta situación esta cambiando.

Afortunadamente la burguesía limeña sigue cada vez menos marcada por la añoranza de un pasado señorial, (sirvientes y esclavos incluidos) que le dificultó abrazar a la modernidad en todos sus sentidos, rechazando a la industrialización como generación de riqueza. Actitud que tanto daño le ha hecho a Latinoamérica y al sur de los Estados Unidos en estados ocupados por Francia durante los tiempos coloniales. Como dicen por allí: seria diferente si en vez de que hubiesen llegado los españoles hubieran llegado los ingleses...

Desgraciadamente la actitud mencionada fue la causa de la incapacidad de la burguesía de construir un verdadero museo nacional que hasta hoy día no lo tenemos. En estos tiempos de tolerancia y diferencias, ya no se busca el único y gran museo de arte moderno y/o contemporáneo, situado en Lima, como la otrora centralización lo exigía. La actual realidad consiste en varias propuestas todas válidas, cada una con su lugar dentro del contexto cultural: varias museotopías.

Ese vacío causado por la larguísima espera en ver realizado el MAC, motivó la aparición de varias propuestas con la intención de llenar dicho vacío museal. Varias museotopias se vienen desarrollando, propuestas museológicas paralelas en el tiempo las cuales se ejecutan en diversos lugares o espacios (TOPOS, es este caso heteretopías, recordando a Foucault, el museo como "ese otro espacio", donde la sociedad occidental ha reunido diversos tiempos), sean estos reales geográficamente hablando o virtuales (estamos en la era WEB. Los átomos son remplazados por bits, citando a Nicholas Negroponte), o sólo espacios mentales que albergan conjuntos de ideas para ser discutidas y publicadas. El museo dejó de ser un edificio.

Dentro de estas museotopías paralelas al proyecto MAC vinculadas al arte contemporáneo tenemos el proyecto MALI Contemporaneo del Museo de Arte de Lima (MALI), y los museos de arte contemporáneos de Trujillo y Arequipa, ciudades que se adelantaron a Lima gracias a la iniciativa privada y al fortalecimiento de las identidades regionales. Pero estos proyectos igual que el MAC de Lima, no escapan a la forma tradicional del museo como institución. Me refiero al museo que alberga dentro de un edificio colecciones y a partir de ellas desarrollan actividades que lo relacionan con la comunidad.

La modernidad como proyecto ha fracasado parcialmente en el Perú, quizás por encontrarse en la periferia de Occidente. Mientras que en Europa desde más de dos décadas que se discute sobre una posmodernidad, ya se habla del final de la modernidad, incluso de la misma historia. Fuera del viejo continente, la historia sigue muy viva, y se están configurando modernidades alternativas, regionales, con tintes locales, que de manera paralela viven y comparten espacios geográficos y culturales con imperativos globales.

Esta nueva realidad, esta modernidad alternativa que se vive en el Perú actual, necesita una propuesta diferente de museo, un proyecto crítico, para acercarse a la producción cultural más reciente de este país tan complejo. Una propuesta desvinculada de las visiones cerradas y sectarias impuestas por los prejuicios de quien detentan ciertos poderes o defienden ciertas tradiciones.

Cuando una persona no quiere aceptar ciertos cambios en la vida hay quienes le dicen que posee una mente cuadrada. Así la forma del cuadrado adquiere connotaciones de estabilidad y rigidez de la misma manera un cubo que no es más que el equivalente a un cuadrado en el espacio o sea en tres dimensiones, puede significar la estabilidad o la dificultad al cambio en un espacio, en este caso un espacio cultural, el de los museos.

Pero que sucede si un cubo lo llevamos a dimensiones superiores, a la cuarta o quinta dimensión, tenemos un hipercubo también llamado teseracto, una abstracción matemática, cuya forma física esta más allá de la capacidad de nuestras percepciones humanas, lo más cercano que podemos aproximarnos a ella es a través de sus representaciones en tres dimensiones.

A diferencia del cuadrado y del cubo, el hipercubo en cuatro o más dimensiones es una figura en movimiento, no hay que olvidar que a partir del s. XIX se concibió a la cuarta dimensión como el tiempo, y un hipercubo es un ente en movimiento, necesita del tiempo, cambia de forma constantemente de una primera o otra segunda y viceversa, existiendo las dos formas al mismo tiempo (posibilidad sólo en dimensiones superiores a tres), el dinamismo es una característica ontológica del hipercubo, sin tiempo, por lo tanto sin movimiento, no existiría.

Contrario al cuadrado o del cubo como símbolos de una actitud anclada en el tiempo o en la tradición, el hipercubo podría significar una dinámica constante entre procesos parelelos, en una relación dialéctica donde a veces se oponen y otras se complementan en objetivos y búsquedas, pero siempre siendo parte de un proyecto mayor. Un continuun perpetuum, sin limites fijos, donde se diluye la idea de centro. Lo opuesto a la condición estática de rigidez, que a veces condiciona negativamente el desarrollo de proyectos culturales, en nuestro caso para ser más específicos: proyectos museísticos.

Hipercubos y paralelismos, dos conceptos unidos en un prototipo de computador llamado Cosmic Cube fabricado en 1981 en el California Institute of Technology. Una máquina de gran tamaño formada por un conjunto de 64 pequeñas computadoras agrupadas en paralelo funcionando como una computadora grande. Este conjunto fue diseñado tomando como referencia un modelo tridimensional de 64 vértices de un hipercubo en 6 dimensiones. El paralelismo en computo era en aquellos años experimental, hoy en día es una tecnología ampliamente utilizada.

Cosmic Cube, un cubo cósmico, un cubo hiper, nombre que alude a un ente imaginable sólo como una abstracción, imposible de ser aprehendido en nuestra experiencia sensorial cotidiana. No alcanza planos místicos ni metafísicos pero si connotaciones cósmicas, que nos hacen recordar nuestra pequeñez infinitesimal y por lo tanto nuestra muy limitada mirada, con la que pecamos de excluyentes cuando ejercitamos legitimaciones.

Para juzgar lo cercano tenemos que también ver lo extremadamente lejano, lo extraño, lo diferente. Cósmico y legitimaciones, dos palabra que nos recuerdan el Modelo Constelar (cuyo nombre se debe a ciertas similitudes con las constelaciones siderales). Modelo que fue utilizado por Mari Carmen Ramírez en la exposición Heterotopías realizada en el Museo Reina Sofía del 2000 al 2001. Según ella, esta exposición: escapa de forma deliberada al paradigma historicista con el que siempre se ha preferido encasillar lo mejor y más destacado de la producción artística de América Latina. La historia siempre ha sido escrita por los ganadores. La historia del arte es una historia de élites.

Paralelamente a las ya mencionadas museotopías vinculadas con la práctica artística contemporánea, podemos nombrar a Micromuseo. Esta propuesta es la que más se ajusta a la idea de un museo alternativo para una modernidad alternativa. Un museo que sea una propuesta dinámica y renovadora, y hasta subversiva en contra de lo más reaccionario del establishment. Proyecto critico que podría tomar al hipercubo como símbolo, alejándose de las mentes cuadradas que se oponen al cambio.

Modelo de un nuevo museo, el Micromuseo, una propuesta móvil, con acciones en diferentes puntos geográficos (el paralelismo de las acciones se opone a la rigidez tradicional de concentrar todo en un lugar). Un museo sin local fijo, pues un museo no es un edificio sino una propuesta crítica, afirma su creador. Organiza acciones en diversos puntos a la manera de rutas y viajes de un microbús, símbolo del transporte de los pobres en el Perú. Pues no sólo colecciona y exhibe obras, sino que también las circula contextualizando, forjando comunidades de sentido a través de las fracturas en una sociedad como la peruana.

Una sociedad fracturada, donde el museo debe justamente sobre la base de esas fracturas y diferencias, no sólo interpretarla sino también ayudar a transformarla, precisamente curando esas heridas. La verdadera misión de un museo moderno: un museo para todos.