
Cada vez consumimos más arte cuando salimos a la calle.
EL ARTE DE LA CALLE
El Graffiti Artístico en Lima (primera parte)
CIRCUNSTANCIAS HISTÓRICAS QUE
EL ARTE DE LA CALLE
El Graffiti Artístico en Lima (primera parte)
CIRCUNSTANCIAS HISTÓRICAS QUE
DIERON ORIGEN AL GRAFFITI
La globalización
En la última década se ha puesto en boga el término globalización, palabra usada para describir la expansión de un mismo sistema económico a nivel mundial y sus consecuencias, como la influencia global de los medios de comunicación.
La llamada globalización puede ser descrita como una difusión de patrones culturales a nivel global, consecuencia de un proceso de intercambio de productos e información sin precedentes, entre regiones geográficas alejadas.
La cultura global actual puede ser definida como consecuencia del proceso de globalización de la hegemonía occidental sobre los demás pueblos. Este proceso es la suma de un conjunto de acontecimientos históricos a lo largo de cinco siglos, los cuales empezaron con el descubrimiento de América.
El descubrimiento del llamado Nuevo Mundo, así como la exploración y colonización del Oriente, sumadas a los viajes de circunnavegación, extendió los intereses europeos por todos los continentes, en América, desde la actual Canadá por el norte hasta la Patagonia por el sur, también en el África, así como en Asia y Oceanía. Se abrieron nuevas rutas al servicio del comercio, como por ejemplo el intercambio de los europeos con los árabes a través del Océano Índico y con los grandes reinos del Asia como la India y Catay, la actual China. Se unió el Oriente con América a través de la ruta de los galeones españoles creada a fines del s. XVI entre las Filipinas y México.
La América española se convirtió en la principal fuente de oro y plata para Europa, África en fuente de marfil, pieles y esclavos para el Nuevo Mundo, así como el Oriente en el abastecedor de seda y especies. El transporte de estas mercancías fue el inicio del comercio internacional actual de alcance global.
La difusión de la cultura europea fue lenta en sus primeros trescientos años, principalmente a causa del transporte, al no existir vehículos motorizados, así como por la falta de medios de comunicación rápidos.
Después del período mencionado de tres siglos, la modernidad propia del Occidente y sus consecuencias como la Ilustración y la Revolución Industrial, van a impulsar el desarrollo técnico de tal manera, que originan el inicio de una nueva etapa histórica, donde inventos como la máquina a vapor, el telégrafo, el ferrocarril entre otros, agilizaron enormemente el comercio a largas distancias, así como la difusión y la democratización de la información. Empiezan a consolidarse los cimientos de una sociedad global, cuyo desarrollo se vio facilitado por la formación de las naciones.
La Revolución Industrial marcó el inicio de las grandes migraciones de campesinos en busca de trabajo a los centros urbanos que empezaban un proceso de industrialización. Este fenómeno migratorio contribuyó a la expansión sin precedentes de las ciudades, que con el tiempo, se constituyeron en grandes metrópolis.
Estas nuevas urbes agruparon a miles de trabajadores fabriles, la mayoría de origen rural, en una gran masa social. Dicho sector de la sociedad, con el tiempo, modeló una cultura propia representativa de los trabajadores urbanos, fenómeno al que en el siglo XX se le dio el nombre de cultura de masas. Es la cultura de las mayorías, cuya dinámica social depende de la fabricación y comercialización en gran escala de productos y servicios, promovidos actualmente por el comercio internacional.
La cultura de masas que se consolidó en Occidente después de la segunda guerra mundial, es propia del hombre medio, no perteneciente a minorías o elites económicamente privilegiadas. Ortega y Gasset la llama muchedumbre: es la mayoría de la población, personas sin una cualificación especial, las cuales comparten generalidades, tales como el sistema educativo o patrones de consumo. Esta muchedumbre, en los últimos 200 años, gracias a los cambios sociales propios de las democracias republicanas, ha accedido a privilegios indispensables, antes sólo reservados a las minorías, como la condición de igualdad ante la ley. Esta masificación de la sociedad, fue otro de los factores que contribuyó al proceso de globalización.
En el siglo XX la globalización empezó una nueva etapa. Después de la segunda guerra mundial, con una Europa destrozada, Estados Unidos se convirtió en el ejemplo de modernidad para Occidente debido a su fuerte desarrollo industrial, ejemplo que alcanzó también a los países latinoamericanos cuyas burguesías, de origen europeo, no querían quedarse rezagadas. Dicha influencia fue favorecida por el hecho de que los Estados Unidos, en los años de la posguerra, fue el mayor fabricante de productos manufacturados al nivel mundial, gracias a la inmensa capacidad industrial que desarrolló durante la guerra y que le permitió salir del receso económico producido por la desastrosa caída de la bolsa de Nueva York en el año 1929.
En la segunda mitad del siglo XX, el capitalismo se expande gracias a que se internacionalizan las empresas norteamericanas. Como ejemplo de ello: entre 1946 a 1969 el valor de las inversiones de dichas empresas en el extranjero subió de 7,200 a 70,763 millones de dólares.
Esta rápida y fuerte expansión del capital en las últimas tres décadas del siglo XX, fue posible por las tecnologías de la información y telecomunicaciones, las cuales contribuyeron a la expansión de los medios de comunicación masivos de alcance mundial.
Los medios masivos de información, representativos de la moderna sociedad, han difundido patrones culturales a nivel mundial, donde muchos fenómenos locales no podrían interpretarse a cabalidad sin tenerse en cuenta su posición dentro de un marco mundial.
La cultura global
La expansión de las empresas norteamericanas, las impulsó a una gran búsqueda de mercados en todo el mundo. Esta expansión sustentada en el comercio, empezó a difundir, a partir de la década de 1950, valores culturales propios de una sociedad orientada hacia el consumo. Así, las empresas transnacionales, al motivar el consumo masivo, difundieron estándares culturales iguales en las ciudades más importantes del mundo, lo cual formó una cultura popular de origen estadounidense, que convive junto a las culturas populares autóctonas tradicionales. Dicha cultura, conocida como cultura global, adquiere cierta forma definida a partir de la década de 1960, con rasgos comunes a escala mundial.
Esta cultura, producto de la globalización, es la responsable por ejemplo, de que en lugares como Sudamérica o el Japón, a pesar de la fuerza de sus antiguas tradiciones, sus urbes cada vez más muestran signos semejantes. Es un ejemplo de la homogeneización que convierte, al menos en algunos aspectos, a la población mundial en una gran masa, donde sus principales expresiones son de origen estadounidense, como: Coca Cola, Mc Donalds, CNN, IBM, Kentucky Fried Chicken, etc.
La última etapa de la globalización se manifiesta con mayor fuerza en la década de 1990, a consecuencia de la caída del bloque socialista de la Europa Oriental y del fortalecimiento del capitalismo en todo el planeta, hechos que aumentaron la imposición de patrones culturales iguales en sociedades de tradiciones distintas, a través de los medios masivos de comunicación y estrategias de mercado, donde la televisión comercial cumple quizás el papel más importante para persuadir a las mayorías y controlar la opinión publica. El ejemplo lo tenemos en la caída del bloque socialista de Europa del Este, donde la influencia de un poderoso medio como la televisión, contribuyó a que las mayorías se unan a las protestas contra las dictaduras socialistas, al enterarse de ellas; ya que tanto el gobierno Soviético, como los gobiernos de los países de Europa del Este no fueron capaces de controlar las emisiones independientes, como las que llegaban desde Europa Occidental. Se las llamó "las revoluciones televisivas".
La postmodernidad
En los últimos 20 años del siglo XX, cuando la globalización alcanzó un nivel sin precedentes y empezó a ser tema de debate, ciertos cambios sociales fueron considerados como los síntomas del final de la modernidad como período histórico, dando paso a la posmodernidad.
El término postmodernismo surge en la década de los 1930 en España con Federico de Onís, como categoría estética para describir un reflujo conservador dentro de la poesía modernista.
La idea de un mundo postmoderno, que sucedería a Occidente, es usada por Charles Olson en los años cincuenta en los Estados Unidos. Más tarde, el egipcio Ihad Hassan emplea el término en 1971 para nombrar a las nuevas tendencias que habían radicalizado o rechazado los rasgos de la modernidad, en una configuración que abarca tanto el arte como la tecnología.
Pocos años después, Charles Jencks, partiendo de un análisis de la relación de la arquitectura con el público, elabora las definiciones principales de la arquitectura postmoderna, definiciones que le sirven para describir a la última etapa de la sociedad occidental, donde las polaridades sociales clásicas, como la burguesía y el proletariado, perdían sentido; este hecho, junto con una superabundancia de bienes y servicios, daba forma a una sociedad global, donde la información es considerada el bien de mayor valor económico.
En los países industrializados, las características sociales de la sociedad postmoderna de Jencks empiezan a aparecer en la década de 1950, sobre todo por el incremento del consumismo, lo cual ha acelerado ciertos cambios como el empequeñecimiento familiar y el fortalecimiento del individualismo en las relaciones humanas. La vida cotidiana tanto en Norteamérica como en Europa empieza a moverse alrededor del culto al consumo, al tiempo libre y al placer. Esta nueva sociedad, al parecer ha terminado con el continuo progreso típico de la modernidad, caracterizado por la expansión de la cultura occidental europea en los últimos quinientos años; así mismo proclama un estancamiento histórico donde la democracia liberal junto al capitalismo, es el único modelo económico social que funciona, después del fracaso de las monarquías absolutistas, de las dictaduras y del socialismo, tal como lo afirma Francis Fukuyama.
En las democracias liberales actuales, las actividades comerciales se hallan condicionadas por un capitalismo de alcance global. La economía postmoderna se distingue más por grandes empresas que realizan operaciones financieras multinacionales dentro de un mercado mundial, que por la producción industrial para atender mercados regionales. Ésta es, precisamente, la coyuntura económica que ha condicionado la producción cultural y artística en las tres últimas décadas del siglo XX, contribuyendo al fortalecimiento de la cultura global.
Una de las características más resaltantes de la postmodernidad es el planteamiento de una cultura global, la cual además de mantener ciertos patrones mundiales, también adquiere características que varían según la región o el sector social, debido a la influencia de manifestaciones culturales de diverso origen, fenómeno cultural que se manifiesta sobre todo en países con un alto índice de inmigrantes. Tal es el caso de los Estados Unidos, que por su condición cosmopolita multicultural, ha dejado de ser una nación Estado para convertirse en una sociedad postmoderna. En este contexto, donde coexisten diversas tradiciones, las humanidades y las artes al interior de las instituciones académicas, se han alejado de la tradición racionalista propia de Occidente, aceptando sólo a la imaginación, como paradigma. Como consecuencia, al no existir normas estéticas definidas, todo tiene cabida en el arte actual, tanto lo erudito como lo popular, lo pasado como lo presente: todo es válido en el arte postmoderno. En el mencionado contexto se empieza a usar el concepto de contracultura o anticultura como una alternativa crítica a lo oficial, rompiendo con la separación tradicional entre lo culto e intelectual y lo popular. La anticultura surgió dentro del contexto de la resistencia en contra de la hegemonía del discurso europeo occidental burgués, el cual empieza a perder influencia, dando paso a la tolerancia y diversidad actual. Es en este contexto donde el graffiti pudo alcanzar el reconocimiento de arte propiamente dicho.
La cultura juvenil
Como ejemplo de la convivencia de diversas expresiones culturales de origen distinto, en las ciudades posmodernas y globalizadas, están las urbes latinoamericanas, donde conviven tradicionalismos locales junto a diversas modernidades importadas, que se unen en hibridaciones, como la mezcla de música étnica con géneros como el rock o el rap.
Puede percibirse de una manera general, dos realidades al interior de las ciudades, sobre todo en Latinoamérica: por un lado, una cultura urbana popular vinculada a la tradición oral y por otro lado, una cultura de la imagen, audiovisual e informática conformada especialmente por jóvenes. De manera general, se puede concebir la cultura juvenil como un todo, pero en el fondo no todos los jóvenes comparten las mismas actitudes, por eso más que una juventud existen diversas juventudes.
Según una de las definiciones más difundidas, el joven, es la persona entre la adolescencia y la edad donde se adoptan criterios propios de los adultos, sea los 20, los 30 o los 40 años, según la estabilidad emocional o la previsión del futuro.
La cultura juvenil actual tiene sus antecedentes en el movimiento juvenil de la década de los sesenta, el cual se opuso al mundo de los adultos, a manera de un movimiento crítico contra la sociedad oficial burguesa o establishment. Este movimiento fue posible gracias a la consolidación de la juventud como un sector de la sociedad con identidad propia.
Este espíritu critico juvenil, nació como consecuencia del culto a la libertad sin frenos, difundido por los escritores de la generación Beat, la rebelión estudiantil en contra del consumismo vinculada a las ideas del pensador Herbert Marcuse, así como por la influencia de ideologías socialistas y de la música y el Pop Art.
La juventud de los sesenta entró en conflicto con el mundo de los adultos por diversos motivos, entre los cuales hay que destacar la inseguridad que enfrentaron, a diferencia de las generaciones pasadas. Al final del
La globalización
En la última década se ha puesto en boga el término globalización, palabra usada para describir la expansión de un mismo sistema económico a nivel mundial y sus consecuencias, como la influencia global de los medios de comunicación.
La llamada globalización puede ser descrita como una difusión de patrones culturales a nivel global, consecuencia de un proceso de intercambio de productos e información sin precedentes, entre regiones geográficas alejadas.
La cultura global actual puede ser definida como consecuencia del proceso de globalización de la hegemonía occidental sobre los demás pueblos. Este proceso es la suma de un conjunto de acontecimientos históricos a lo largo de cinco siglos, los cuales empezaron con el descubrimiento de América.
El descubrimiento del llamado Nuevo Mundo, así como la exploración y colonización del Oriente, sumadas a los viajes de circunnavegación, extendió los intereses europeos por todos los continentes, en América, desde la actual Canadá por el norte hasta la Patagonia por el sur, también en el África, así como en Asia y Oceanía. Se abrieron nuevas rutas al servicio del comercio, como por ejemplo el intercambio de los europeos con los árabes a través del Océano Índico y con los grandes reinos del Asia como la India y Catay, la actual China. Se unió el Oriente con América a través de la ruta de los galeones españoles creada a fines del s. XVI entre las Filipinas y México.
La América española se convirtió en la principal fuente de oro y plata para Europa, África en fuente de marfil, pieles y esclavos para el Nuevo Mundo, así como el Oriente en el abastecedor de seda y especies. El transporte de estas mercancías fue el inicio del comercio internacional actual de alcance global.
La difusión de la cultura europea fue lenta en sus primeros trescientos años, principalmente a causa del transporte, al no existir vehículos motorizados, así como por la falta de medios de comunicación rápidos.
Después del período mencionado de tres siglos, la modernidad propia del Occidente y sus consecuencias como la Ilustración y la Revolución Industrial, van a impulsar el desarrollo técnico de tal manera, que originan el inicio de una nueva etapa histórica, donde inventos como la máquina a vapor, el telégrafo, el ferrocarril entre otros, agilizaron enormemente el comercio a largas distancias, así como la difusión y la democratización de la información. Empiezan a consolidarse los cimientos de una sociedad global, cuyo desarrollo se vio facilitado por la formación de las naciones.
La Revolución Industrial marcó el inicio de las grandes migraciones de campesinos en busca de trabajo a los centros urbanos que empezaban un proceso de industrialización. Este fenómeno migratorio contribuyó a la expansión sin precedentes de las ciudades, que con el tiempo, se constituyeron en grandes metrópolis.
Estas nuevas urbes agruparon a miles de trabajadores fabriles, la mayoría de origen rural, en una gran masa social. Dicho sector de la sociedad, con el tiempo, modeló una cultura propia representativa de los trabajadores urbanos, fenómeno al que en el siglo XX se le dio el nombre de cultura de masas. Es la cultura de las mayorías, cuya dinámica social depende de la fabricación y comercialización en gran escala de productos y servicios, promovidos actualmente por el comercio internacional.
La cultura de masas que se consolidó en Occidente después de la segunda guerra mundial, es propia del hombre medio, no perteneciente a minorías o elites económicamente privilegiadas. Ortega y Gasset la llama muchedumbre: es la mayoría de la población, personas sin una cualificación especial, las cuales comparten generalidades, tales como el sistema educativo o patrones de consumo. Esta muchedumbre, en los últimos 200 años, gracias a los cambios sociales propios de las democracias republicanas, ha accedido a privilegios indispensables, antes sólo reservados a las minorías, como la condición de igualdad ante la ley. Esta masificación de la sociedad, fue otro de los factores que contribuyó al proceso de globalización.
En el siglo XX la globalización empezó una nueva etapa. Después de la segunda guerra mundial, con una Europa destrozada, Estados Unidos se convirtió en el ejemplo de modernidad para Occidente debido a su fuerte desarrollo industrial, ejemplo que alcanzó también a los países latinoamericanos cuyas burguesías, de origen europeo, no querían quedarse rezagadas. Dicha influencia fue favorecida por el hecho de que los Estados Unidos, en los años de la posguerra, fue el mayor fabricante de productos manufacturados al nivel mundial, gracias a la inmensa capacidad industrial que desarrolló durante la guerra y que le permitió salir del receso económico producido por la desastrosa caída de la bolsa de Nueva York en el año 1929.
En la segunda mitad del siglo XX, el capitalismo se expande gracias a que se internacionalizan las empresas norteamericanas. Como ejemplo de ello: entre 1946 a 1969 el valor de las inversiones de dichas empresas en el extranjero subió de 7,200 a 70,763 millones de dólares.
Esta rápida y fuerte expansión del capital en las últimas tres décadas del siglo XX, fue posible por las tecnologías de la información y telecomunicaciones, las cuales contribuyeron a la expansión de los medios de comunicación masivos de alcance mundial.
Los medios masivos de información, representativos de la moderna sociedad, han difundido patrones culturales a nivel mundial, donde muchos fenómenos locales no podrían interpretarse a cabalidad sin tenerse en cuenta su posición dentro de un marco mundial.
La cultura global
La expansión de las empresas norteamericanas, las impulsó a una gran búsqueda de mercados en todo el mundo. Esta expansión sustentada en el comercio, empezó a difundir, a partir de la década de 1950, valores culturales propios de una sociedad orientada hacia el consumo. Así, las empresas transnacionales, al motivar el consumo masivo, difundieron estándares culturales iguales en las ciudades más importantes del mundo, lo cual formó una cultura popular de origen estadounidense, que convive junto a las culturas populares autóctonas tradicionales. Dicha cultura, conocida como cultura global, adquiere cierta forma definida a partir de la década de 1960, con rasgos comunes a escala mundial.
Esta cultura, producto de la globalización, es la responsable por ejemplo, de que en lugares como Sudamérica o el Japón, a pesar de la fuerza de sus antiguas tradiciones, sus urbes cada vez más muestran signos semejantes. Es un ejemplo de la homogeneización que convierte, al menos en algunos aspectos, a la población mundial en una gran masa, donde sus principales expresiones son de origen estadounidense, como: Coca Cola, Mc Donalds, CNN, IBM, Kentucky Fried Chicken, etc.
La última etapa de la globalización se manifiesta con mayor fuerza en la década de 1990, a consecuencia de la caída del bloque socialista de la Europa Oriental y del fortalecimiento del capitalismo en todo el planeta, hechos que aumentaron la imposición de patrones culturales iguales en sociedades de tradiciones distintas, a través de los medios masivos de comunicación y estrategias de mercado, donde la televisión comercial cumple quizás el papel más importante para persuadir a las mayorías y controlar la opinión publica. El ejemplo lo tenemos en la caída del bloque socialista de Europa del Este, donde la influencia de un poderoso medio como la televisión, contribuyó a que las mayorías se unan a las protestas contra las dictaduras socialistas, al enterarse de ellas; ya que tanto el gobierno Soviético, como los gobiernos de los países de Europa del Este no fueron capaces de controlar las emisiones independientes, como las que llegaban desde Europa Occidental. Se las llamó "las revoluciones televisivas".
La postmodernidad
En los últimos 20 años del siglo XX, cuando la globalización alcanzó un nivel sin precedentes y empezó a ser tema de debate, ciertos cambios sociales fueron considerados como los síntomas del final de la modernidad como período histórico, dando paso a la posmodernidad.
El término postmodernismo surge en la década de los 1930 en España con Federico de Onís, como categoría estética para describir un reflujo conservador dentro de la poesía modernista.
La idea de un mundo postmoderno, que sucedería a Occidente, es usada por Charles Olson en los años cincuenta en los Estados Unidos. Más tarde, el egipcio Ihad Hassan emplea el término en 1971 para nombrar a las nuevas tendencias que habían radicalizado o rechazado los rasgos de la modernidad, en una configuración que abarca tanto el arte como la tecnología.
Pocos años después, Charles Jencks, partiendo de un análisis de la relación de la arquitectura con el público, elabora las definiciones principales de la arquitectura postmoderna, definiciones que le sirven para describir a la última etapa de la sociedad occidental, donde las polaridades sociales clásicas, como la burguesía y el proletariado, perdían sentido; este hecho, junto con una superabundancia de bienes y servicios, daba forma a una sociedad global, donde la información es considerada el bien de mayor valor económico.
En los países industrializados, las características sociales de la sociedad postmoderna de Jencks empiezan a aparecer en la década de 1950, sobre todo por el incremento del consumismo, lo cual ha acelerado ciertos cambios como el empequeñecimiento familiar y el fortalecimiento del individualismo en las relaciones humanas. La vida cotidiana tanto en Norteamérica como en Europa empieza a moverse alrededor del culto al consumo, al tiempo libre y al placer. Esta nueva sociedad, al parecer ha terminado con el continuo progreso típico de la modernidad, caracterizado por la expansión de la cultura occidental europea en los últimos quinientos años; así mismo proclama un estancamiento histórico donde la democracia liberal junto al capitalismo, es el único modelo económico social que funciona, después del fracaso de las monarquías absolutistas, de las dictaduras y del socialismo, tal como lo afirma Francis Fukuyama.
En las democracias liberales actuales, las actividades comerciales se hallan condicionadas por un capitalismo de alcance global. La economía postmoderna se distingue más por grandes empresas que realizan operaciones financieras multinacionales dentro de un mercado mundial, que por la producción industrial para atender mercados regionales. Ésta es, precisamente, la coyuntura económica que ha condicionado la producción cultural y artística en las tres últimas décadas del siglo XX, contribuyendo al fortalecimiento de la cultura global.
Una de las características más resaltantes de la postmodernidad es el planteamiento de una cultura global, la cual además de mantener ciertos patrones mundiales, también adquiere características que varían según la región o el sector social, debido a la influencia de manifestaciones culturales de diverso origen, fenómeno cultural que se manifiesta sobre todo en países con un alto índice de inmigrantes. Tal es el caso de los Estados Unidos, que por su condición cosmopolita multicultural, ha dejado de ser una nación Estado para convertirse en una sociedad postmoderna. En este contexto, donde coexisten diversas tradiciones, las humanidades y las artes al interior de las instituciones académicas, se han alejado de la tradición racionalista propia de Occidente, aceptando sólo a la imaginación, como paradigma. Como consecuencia, al no existir normas estéticas definidas, todo tiene cabida en el arte actual, tanto lo erudito como lo popular, lo pasado como lo presente: todo es válido en el arte postmoderno. En el mencionado contexto se empieza a usar el concepto de contracultura o anticultura como una alternativa crítica a lo oficial, rompiendo con la separación tradicional entre lo culto e intelectual y lo popular. La anticultura surgió dentro del contexto de la resistencia en contra de la hegemonía del discurso europeo occidental burgués, el cual empieza a perder influencia, dando paso a la tolerancia y diversidad actual. Es en este contexto donde el graffiti pudo alcanzar el reconocimiento de arte propiamente dicho.
La cultura juvenil
Como ejemplo de la convivencia de diversas expresiones culturales de origen distinto, en las ciudades posmodernas y globalizadas, están las urbes latinoamericanas, donde conviven tradicionalismos locales junto a diversas modernidades importadas, que se unen en hibridaciones, como la mezcla de música étnica con géneros como el rock o el rap.
Puede percibirse de una manera general, dos realidades al interior de las ciudades, sobre todo en Latinoamérica: por un lado, una cultura urbana popular vinculada a la tradición oral y por otro lado, una cultura de la imagen, audiovisual e informática conformada especialmente por jóvenes. De manera general, se puede concebir la cultura juvenil como un todo, pero en el fondo no todos los jóvenes comparten las mismas actitudes, por eso más que una juventud existen diversas juventudes.
Según una de las definiciones más difundidas, el joven, es la persona entre la adolescencia y la edad donde se adoptan criterios propios de los adultos, sea los 20, los 30 o los 40 años, según la estabilidad emocional o la previsión del futuro.
La cultura juvenil actual tiene sus antecedentes en el movimiento juvenil de la década de los sesenta, el cual se opuso al mundo de los adultos, a manera de un movimiento crítico contra la sociedad oficial burguesa o establishment. Este movimiento fue posible gracias a la consolidación de la juventud como un sector de la sociedad con identidad propia.
Este espíritu critico juvenil, nació como consecuencia del culto a la libertad sin frenos, difundido por los escritores de la generación Beat, la rebelión estudiantil en contra del consumismo vinculada a las ideas del pensador Herbert Marcuse, así como por la influencia de ideologías socialistas y de la música y el Pop Art.
La juventud de los sesenta entró en conflicto con el mundo de los adultos por diversos motivos, entre los cuales hay que destacar la inseguridad que enfrentaron, a diferencia de las generaciones pasadas. Al final del
s. XX los jóvenes empezaron a tener un futuro incierto a consecuencia de los cambios en la economía y en los medios de producción.
Los jóvenes antiguamente eran capacitados para ejercer tareas en su comunidad, sin embargo en las sociedades modernas la educación se especializa y se separa de la vida productiva y cívica de los mayores.
Los jóvenes antiguamente eran capacitados para ejercer tareas en su comunidad, sin embargo en las sociedades modernas la educación se especializa y se separa de la vida productiva y cívica de los mayores.
La educación se abstrae del hogar, del taller, de la granja, etc.; los jóvenes son diferenciados de resto de la población, los niños y adultos. Consecuencia de los cambios en los procesos productivos, la juventud es una realidad histórica, una construcción social.
Al entrar en conflicto con lo establecido, el movimiento juvenil de los Estados Unidos atacó los intereses burgueses, oponiéndose a la intervención económica y militar de los Estados Unidos en los países del tercer mundo, a la guerra de Vietnam y la discriminación de todo tipo. Este rechazo dio origen al movimiento Hippy, y sirvió como aliciente para el consumo de drogas y la liberación sexual.
La industria y los medios de comunicación se percataron de la capacidad de consumo de la juventud y de su aparente necesidad de productos con los cuales pueda identificarse. Apareció toda una gama de productos juveniles como motocicletas, blue jeans, etc… La industria del disco se vio favorecida con el nacimiento del Rock 'n Roll, la producción del cine se orientó hacia un gran público juvenil. Nació el primer establecimiento de modas para jóvenes con Mary Quant, la creadora de la minifalda. En los últimos 15 años del s. XX toma auge la industria de los videojuegos y de los videoclips. Los jóvenes se convirtieron en la principal fuerza consumidora de la industria del entretenimiento.
Los jóvenes identificados como un sector social, apartados de los adultos, tienden a la formar grupos, lo cual les permiten en gran medida difundir el graffiti, esta tendencia responde, en parte, a que el adolescente es gregario. Al juntarse con otros afirman su identidad separándose del mundo de los padres, lo cual es imprescindible para dejar atrás la infancia.
Puede considerarse cuatro canales de integración social para la juventud: la educación, el empleo, la participación política y la cultura de masas. Para los jóvenes negros de los guetos neoyorquinos, a comienzo de la década de los setenta, los tres primeros canales estaban cerrados o eran de difícil acceso. Esto dio lugar a sentimientos negativos colectivos que se expresaron en fenómenos como las pandillas, o los grupos que empezaron a pintar en la vía pública desafiando a la autoridad. Los jóvenes trataron de reafirmar su identidad ante una sociedad que los marginó, a través del graffiti.
Al entrar en conflicto con lo establecido, el movimiento juvenil de los Estados Unidos atacó los intereses burgueses, oponiéndose a la intervención económica y militar de los Estados Unidos en los países del tercer mundo, a la guerra de Vietnam y la discriminación de todo tipo. Este rechazo dio origen al movimiento Hippy, y sirvió como aliciente para el consumo de drogas y la liberación sexual.
La industria y los medios de comunicación se percataron de la capacidad de consumo de la juventud y de su aparente necesidad de productos con los cuales pueda identificarse. Apareció toda una gama de productos juveniles como motocicletas, blue jeans, etc… La industria del disco se vio favorecida con el nacimiento del Rock 'n Roll, la producción del cine se orientó hacia un gran público juvenil. Nació el primer establecimiento de modas para jóvenes con Mary Quant, la creadora de la minifalda. En los últimos 15 años del s. XX toma auge la industria de los videojuegos y de los videoclips. Los jóvenes se convirtieron en la principal fuerza consumidora de la industria del entretenimiento.
Los jóvenes identificados como un sector social, apartados de los adultos, tienden a la formar grupos, lo cual les permiten en gran medida difundir el graffiti, esta tendencia responde, en parte, a que el adolescente es gregario. Al juntarse con otros afirman su identidad separándose del mundo de los padres, lo cual es imprescindible para dejar atrás la infancia.
Puede considerarse cuatro canales de integración social para la juventud: la educación, el empleo, la participación política y la cultura de masas. Para los jóvenes negros de los guetos neoyorquinos, a comienzo de la década de los setenta, los tres primeros canales estaban cerrados o eran de difícil acceso. Esto dio lugar a sentimientos negativos colectivos que se expresaron en fenómenos como las pandillas, o los grupos que empezaron a pintar en la vía pública desafiando a la autoridad. Los jóvenes trataron de reafirmar su identidad ante una sociedad que los marginó, a través del graffiti.
Actualmente no existe un movimiento político contestatario juvenil, sin embargo los jóvenes se expresan de maneras peculiares, una de la más importante tanto en Norteamérica como en Europa y relacionada con el graffiti artístico, es el Hip Hop.

1 comentarios:
Oe esta chevere tu blog bien cultural y todo mas me parece que en el primer capitulo mucho has ahondado en la cuestion historica y te has ido hasta el siglo XVI...esta bien que lo menciones mas solo enfocate en el siglo en el cual surge...bueno asumo que el 1er capitulo es solo historia pues y en el segundo ya veremos otras razones no???? ta maso...saluditos...
Publicar un comentario en la entrada